“El Verano de Metafora fue mucho más que un curso para mi. Fue conocer a gente de todo el mundo interesada en lo mismo que yo. También fue una ocasión de conocer Barcelona desde dentro y definitivamente un salto cualitativo en mi forma de entender el arte y la terapia ...” Ana María Rubio (Escuela de Verano 2008)

la "Granja Mercè Viader", propuesta de Irene





Durante estos días se nos están ofreciendo muchas propuestas para aprovechar y vivir la ciudad. Ayer mismo Carles invitó a todo el mundo a probar una de las bebidas de verano más habituales por aquí, la horchata. La verdad es que a mí no me entusiasma mucho, pero en cambio sí me encanta el Cacaolat fresquito. Como también me apetecía compartir alguno de los rinconcitos de esta ciudad con los que no la conocéis, os recomiendo que os paséis por la "Granja Mercè Viader", un local donde podréis beberlo y que mantiene el encanto de una Barcelona desaparecida ya casi por completo. Encontré un artículo publicado por El País sobre esta granja (cafetería) que me gustó mucho y que creo que sirve de excelente promoción. Aquí dejo un cachito de él y el enlace por si os interesa leerlo entero (merece la pena). Por si os animáis, la dirección es Calle de Xuclà, 4 (M L3 Liceu). Bon profit!

Fundadas en 1870, de la media docena de granjas Viader repartidas por la ciudad solo queda una, la de la calle de Xuclà. Una superviviente que tiene como gran virtud haberse mantenido fiel a los orígenes a pesar del empuje de esta Barcelona hambrienta de arrobas.

Aparte de preparar artesanalmente el "mató", el queso fresco o la nata montada, la granja Viader tiene el mérito de haber inventado el Cacaolat y el demérito de haberlo vendido a una de esas multinacionales que se dedican a arrebatar la memoria de la gente y liofilizarla. Me cuenta Mercè que el proceso de elaboración del Cacaolat era sencillo. Tras preparar el "xarop" o concentrado de cacao en la calle Xuclà, lo llevaban a la granja Viader de Cardedeu, una masía modernista obra de Raspall, para ser mezclado con la leche de unas vacas que si bien no eran felices del todo, si comían hierba hasta enloquecer de placer. ¡Qué tiempos aquellos!

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Irene